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martes, 31 de mayo de 2016

El león y el asno cazando - Félix María Samaniego



Su majestad leonesa en compañía
De un Borrico se sale a montería.
En la parte al intento acomodada,
Formando el mismo León una enramada,
Mandó al Asno que en ella se ocultase
Y que de tiempo en tiempo rebuznase,
Como trompa de caza en el ojeo.
Logró el Rey su deseo,
Pues apenas se vio bien apostado,
Cuando al son del rebuzno destemplado,
Que los montes y valles repetían,
A su selvoso albergue se volvían
Precipitadamente
Las fieras enemigas juntamente,
Y en su cobarde huida,
En las garras del León pierden la vida.
Cuando el Asno se halló con los despojos
De devoradas fieras a sus ojos,
Dijo: «Pardiez, si llego más temprano,
A ningún muerto dejo hueso sano.»
A tal fanfarronada
Soltó el Rey una grande carcajada;
Y es que jamás convino
Hacer del andaluz al vizcaíno.


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lunes, 30 de mayo de 2016

domingo, 29 de mayo de 2016

El león envejecido - Félix María Samaniego,



Un Milano, después de haber vivido
Con la conciencia peor que un forajido,
Enfermó gravemente.
Supuesto que el paciente
Ni a Galeno ni a Hipócrates leía,
A bulto conoció que se moría.
A los dioses desea ver propicios,
Y ofrecerles entonces sacrificios
Por medio de su madre, que, afligida,
Rogaría sin duda por su vida.
Mas ésta le responde: «Desdichado,
¿Cómo podré alcanzar para un malvado
De los dioses clemencia,
Si en vez de darles culto y reverencia,
Ni aun perdonaste a víctima sagrada,
En las aras divinas inmolada?»

Así queremos irritando al cielo
Que en la tribulación nos dé consuelo.


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sábado, 28 de mayo de 2016

El león enamorado - Félix María Samaniego,



Amaba un León a una zagala hermosa;
Pidióla por esposa
A su padre, pastor, urbanamente.
El hombre, temeroso mas prudente,
Le respondió: «Señor, en mi conciencia,
Que la muchacha logra conveniencia;
Pero la pobrecita, acostumbrada
A no salir del prado y la majada,
Entre la mansa oveja y el cordero,
Recelará tal vez que seas fiero.
No obstante, bien podremos, si consientes,
Cortar tus uñas y limar tus dientes,
Y así verá que tiene tu grandeza
Cosas de majestad, no de fiereza.»
Consiente el manso León enamorado,
Y el buen hombre lo deja desarmado;
Da luego su silbido:
Llegan el Matalobos y Atrevido,
Perros de su cabaña; de esta suerte
Al indefenso León dieron la muerte.
Un cuarto apostaré a que en este instante
Dice, hablando del León, algún amante,
Que de la misma muerte haría gala,
Con tal que se la diese la zagala.
Deja, Fabio, el amor, déjalo luego;
Mas hablo en vano, porque, siempre ciego,
No ves el desengaño,
Y así te entregas a tu propio daño.


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viernes, 27 de mayo de 2016

El león con su ejército - Félix María Samaniego,



A Don Javier María de Munive e Maquez,
conde de Peñaflorida, director perpetuo
de la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País

Mientras que con la espada en mar y tierra
Los ilustres varones
Engrandecen su fama por la guerra,
Sojuzgando naciones,
Tú, Conde, con la pluma y el arado,
Ya enriqueces la patria, ya la instruyes,
Y haciendo venturosos has ganado
El bien que buscas y el laurel que huyes.
Con darte todo al bien de los humanos
No contento tu celo,
Supo unir a los nobles ciudadanos
Para felicidad del patrio suelo.
La hormiga codiciosa
Trabaja en sociedad fructuosamente,
Y la abeja oficiosa
Labra siempre ayudada de su gente.
Así unes a los hombres laboriosos
Para hacer sus trabajos más fructuosos.
Aquél viaja observando
Por las naciones cultas;
Éste con experiencias va mostrando
Las útiles verdades más ocultas.
Cuál cultiva los campos, cuál las ciencias;
Y de diversos modos,
Juntando estudios, viajes y experiencias,
Resulta el bien en que trabajan todos.
¡En que trabajan todos! Ya lo dije,
Por más que yo también sea contado.
El sabio Presidente que nos rige
Tiene aun al más inútil ocupado.
Darme, Conde, querías un destino,
Al contemplarme ocioso e ignorante.
Era difícil; mas al fin tu tino
Encontró un genio en mí versificante.
A Fedro y Lafontaine por modelos
Me pusiste a la vista,
Y hallaron tus desvelos
Que pudiera ensayarme a fabulista.
Y pues viene al intento,
Pasemos al ensayo: va de cuento.

El León, rey de los bosques poderoso,
Quiso armar un ejército famoso.
Juntó sus animales al instante:
Empezó por cargar al elefante
Un castillo con útiles, y encima
Rabiosos lobos, que pusiesen grima.
Al oso le encargó de los asaltos;
Al mono con sus gestos y sus saltos
Mandó que al enemigo entretuviese;
A la Zorra que diese
Ingeniosos ardides al intento.
Uno gritó: «La liebre y el jumento.
Éste por tardo, aquélla por medrosa,
De estorbo servirán, no de otra cosa.»
«¿De estorbo? dijo el Rey; yo no lo creo.
En la liebre tendremos un correo,
Y en el asno mis tropas un trompeta.»
Así quedó la armada bien completa.

Tu retrato es el León, Conde prudente,
Y si a tu imitación, según deseo,
Examinan los jefes a su gente,
A todos han de dar útil empleo.
¿Por qué no lo han de hacer? ¿Habrá cucaña
Como no hallar ociosos en España?.


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jueves, 26 de mayo de 2016

El ladrón - Félix María Samaniego



Por catar una colmena
Cierto goloso Ladrón,
Del venenoso aguijón
Tuvo que sufrir la pena.
«La miel, dice, está muy buena:
Es un bocado exquisito;
Por el aguijón maldito
No volveré al colmenar.»

¡Lo que tiene el encontrar
La pena tras el delito!


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miércoles, 25 de mayo de 2016

El labrador y la providencia - Félix María Samaniego



Un labrador cansado,
En el ardiente estío,
Debajo de una encina
Reposaba pacífico y tranquilo.
Desde su dulce estancia
Miraba agradecido
El bien con que la tierra
Premiaba sus penosos ejercicios.
Entre mil producciones,
Hijas de su cultivo,
Veía calabazas,
Melones por los suelos esparcidos.
«¿Por qué la Providencia,
Decía entre sí mismo,
Puso a la ruin bellota
En elevado preeminente sitio?
¿Cuánto mejor sería
Que, trocando el destino,
Pendiesen de las ramas
Calabazas, melones y pepinos?»
Bien oportunamente,
Al tiempo que esto dijo,
Cayendo una bellota,
Le pegó en las narices de improviso.
«Pardiez, prorrumpió entonces
El Labrador sencillo,
Si lo que fue bellota,
Algún gordo melón hubiera sido,
Desde luego pudiera
Tomar a buen partido
En caso semejante
Quedar desnarigado, pero vivo.»

Aquí la Providencia
Manifestarle quiso
Que supo a cada cosa
Señalar sabiamente su destino.
A mayor bien del hombre
Todo está repartido:
Preso el pez en su concha,
Y libre por el aire el pajarillo.


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martes, 24 de mayo de 2016

El labrador y la cigüeña - Félix María Samaniego,



Un Labrador miraba
Con duelo su sembrado,
Porque gansos y grullas
De su trigo solían hacer pasto.
Armó sin más tardanza
Diestramente sus lazos,
Y cayeron en ellos
La Cigüeña, las grullas y los gansos.
«Señor rústico, dijo
La Cigüeña temblando,
Quíteme las prisiones,
Pues no merezco pena de culpados;
La diosa Ceres sabe
Que, lejos de hacer daño,
Limpio de sabandijas,
De culebras y víboras los campos.»
«Nada me satisface,
Respondió el hombre airado:
Te hallé con delincuentes,
Con ellos morirás entre mis manos.»

La inocente Cigüeña
Tuvo el fin desgraciado,
Que pueden prometerse
Los buenos que se juntan con los malos.


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lunes, 23 de mayo de 2016

El joven filósofo y sus compañeros - Félix María Samaniego



Un joven, educado
Con el mayor cuidado
Por un viejo Filósofo profundo,
Salió por fin a visitar el mundo.
Concurrió cierto día,
Entre civil y alegre compañía,
A una mesa abundante y primorosa.
«¡Espectáculo horrendo! ¡fiera cosa!
¡La mesa de cadáveres cubierta
A la vista del hombre!... ¡Y éste acierta
A comer los despojos de la muerte!»
El joven declamaba de esta suerte.
Al son de filosóficas razones,
Devorando perdices y pichones,
Le responden algunos concurrentes:
«Si usted ha de vivir entre las gentes,
Deberá hacerse a todo.»
Con un gracioso modo,
Alabando el bocado de exquisito,
Le presentan un gordo pajarito.
«Cuanto usted ha exclamado será cierto;
Mas, en fin, le decían, ya está muerto.
Pruébelo por su vida... Considere
Que otro le comerá, si no le quiere.»
La ocasión, las palabras, el ejemplo,
Y según yo contemplo,
Yo no sé qué olorcillo
Que exhalaba el caliente pajarillo,
Al joven persuadieron de manera,
Que al fin se lo comió. «¡Quién lo dijera!
¡Haber yo devorado un inocente!»
Así clamaba, pero fríamente.
Lo cierto es que, llevado de aquel cebo,
Con más facilidad cayó de nuevo.
La ocasión se repite
De uno en otro convite,
Y de una codorniz a una becada,
Llegó el joven, al fin de la jornada,
Olvidando sus máximas primeras,
A ser devorador como las fieras.

De esta suerte los vicios se insinúan
Crecen, se perpetúan
Dentro del corazón de los humanos
Hasta ser sus señores y tiranos.
Pues ¿qué remedio?... Incautos jovencitos
Cuenta con los primeros pajaritos.


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domingo, 22 de mayo de 2016

El jabalí y la zorra - Félix María Samaniego



Sus horribles colmillos aguzaba
Un Jabalí en el tronco de una encina.
La Zorra, que vecina
Del animal cerdoso se miraba,
Le dice: «Extraño el verte,
Siendo tú en paz señor de la bellota,
Cuando ningún contrario te alborota,
Que tus armas afiles de esa suerte.»
La fiera respondió: «Tenga entendido
Que en la paz se prepara el buen guerrero,
Así como en la calma el marinero,
Y que vale por dos el prevenido.»



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sábado, 21 de mayo de 2016

El jabalí y el carnero - Félix María Samaniego,



De la rama de un árbol un Carnero
Degollado pendía;
En él a sangre fría
Cortaba el remangado Carnicero.
El rebaño inocente,
Que el trágico espectáculo miraba,
De miedo, ni pacía ni balaba.
Un jabalí gritó: «Cobarde gente,
Que miráis la carnívora matanza,
¿Cómo no os vengáis del enemigo?»
«Tendrá, dijo un Carnero, su castigo,
Mas no de nuestra parte la venganza.
La piel que arranca con sus propias manos
Sirve para los pleitos y la guerra,
Las dos mayores plagas de la tierra,
Que afligen a los míseros humanos.
Apenas nos desuellan, se destina
Para hacer pergaminos y tambores;
Mira cómo los hombres malhechores
Labran en su maldad su propia ruina.»


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viernes, 20 de mayo de 2016

El hombre y la pulga - Félix María Samaniego



«Oye, Júpiter Sumo, mis querellas,
y haz, disparando rayos y centellas,
que muera este animal vil y tirano,
plaga fatal para el linaje humano;
y si vos no lo hacéis, Hércules sea
quien acabe con él y su ralea.»
Éste es un hombre que a los dioses clama,
porque una pulga le picó en la cama;
y es justo, ya que el pobre se fatiga,
que de Júpiter y Hércules consiga,
de éste, que viva despulgando sayos;
de aquél, matando pulgas con sus rayos.
Tenemos en el cielo los mortales
recurso en las desdichas y los males;
mas se suele abusar frecuentemente
por lograr un antojo impertinente.


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jueves, 19 de mayo de 2016

El hombre y la fantasma - Félix María Samaniego,



Un joven licencioso
Se hallaba en un estado vergonzoso,
Con sus males secretos retirado;
En soledad, doliente, exasperado,
Cavila, llora, canta, jura, reza,
Como quien ha perdido la cabeza.
«¿Te falta la salud? Pues, caballero,
De todo tu dinero,
Nobleza, juventud y poderío
Sábete que me río;
Trata de recobrarla, pues perdida,
¿De qué sirven los bienes de esta vida?»
Todo esto una Fantasma le previno,
Y al instante se fue como se vino.
El enfermo se cuida, se repone;
Un nuevo plan de vida se propone.
En efecto, se casa.
Cércanle los cuidados de la casa,
Que se van aumentando de hora en hora.
La mujer (Dios nos libre), gastadora
Aun mucho más que rica,
Los hijos y las deudas multiplica;
De modo que el marido,
Más que nunca aburrido,
Se puso sobre un pie de economía,
Que estrechándola más de día en día,
Al fin se enriqueció con opulencia.
La Fantasma le dice: «En mi conciencia,
Que te veo amarillo como el oro;
Tienes tu corazón en el tesoro;
Miras sobre tu pecho acongojado
El puñal del ladrón enarbolado;
Las noches pasas en mortal desvelo;
¿Y así quieres vivir?...¡Qué desconsuelo!»
El Hombre, como caso milagroso,
Se transformó de avaro en ambicioso.
Llegó dentro de poco a la privanza:
¡El señor don Dinero qué no alcanza!
La Fantasma le muestra claramente
Un falso confidente:
Cien traidores amigos,
Que quieren ser autores y testigos
De su pronta caída.
Resuélvese a dejar aquella vida,
Y ya desengañado,
En los campos se mira retirado.
Buscaba los placeres inocentes
En las flores y frutas diferentes.
¿Quieren ustedes creer (esto me pasma)
Que aun allí le persigue la Fantasma?
Los insectos, los hielos y los vientos,
Todos los elementos
Y las plagas de todas estaciones
Han de ser en el campo tus ladrones.
Pues ¿adónde irá el pobre caballero?...

Digo que es un solemne majadero
Todo aquel que pretende
Vivir en este mundo sin su duende.


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martes, 17 de mayo de 2016

El hombre y la comadreja - Félix María Samaniego



Así decía cierta Comadreja
A un Hombre que la había aprisionado:
«¿Por qué no me dejáis? ¿Os he yo dado
Motivo de disgusto ni de queja?
¿No soy la que desvanes y rincones,
Tu casa toda, cual si fuese mía,
Cuidadosa registro noche y día,
Para que vivas libre de ratones?»
«¡Gran fineza por cierto!
El Hombre respondió. Pues di, ladrona,
Si tu glotonería no perdona
Ni a ratón vivo ni a cochino muerto,
Ni a cuanto guardan ruines despenseras,
¿Cómo he de creer que tu cuidado apura
Por mi bien los ratones? ¡Qué locura!
No tendría yo malas tragaderas.
Morirás; y el astuto que pretenda
Vender como fineza lo que ha hecho
Sin mirar a más fin que a su provecho,
Sabrá que hay en el mundo quien lo entienda.»


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lunes, 16 de mayo de 2016

El herrero y el perro - Félix María Samaniego,



Un Herrero tenía
Un Perro que no hacía
Sino comer, dormir y estarse echado;
De la casa jamás tuvo cuidado;
Levantábase sólo a mesa puesta;
Entonces con gran fiesta
Al dueño se acercaba,
Con perrunas caricias lo halagaba,
Mostrando de cariño mil excesos
Por pillar las piltrafas y los huesos.
«He llegado a notar, le dijo el amo,
Que aunque nunca te llamo
A la mesa, te llegas prontamente;
En la fragua jamás te vi presente,
Y yo me maravillo
De que, no despertándote el martillo,
Te desveles al ruido de mis dientes.
Anda, anda, poltrón; no es bien que cuentes
Que el amo, hecho un gañán y sin reposo,
Te mantiene a lo conde muy ocioso.»
El Perro le responde:
¿Qué más tiene que yo cualquiera conde?
Para no trabajar debo al destino
Haber nacido perro, no pollino.»
«Pues, señor conde, fuera de mi casa;
Verás en las demás lo que te pasa.»
En efecto salió a probar fortuna,
Y las casas anduvo de una en una.
Allí le hacen servir de centinela
Y que pase la noche toda en vela,
Acá de lazarillo y de danzante,
Allá dentro de un torno, a cada instante,
Asa la carne que comer no espera.
Al cabo conoció de esta manera
Que el destino, y no es cuento,
A todos nos cargó como al jumento.


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domingo, 15 de mayo de 2016

El grajo vano - Félix María Samaniego,



Con las plumas de un pavo
Un Grajo se vistió; pomposo y bravo
En medio de los pavos se pasea;
La manada lo advierte, lo rodea:
Todos le pican, burlan y lo envían,
¿Dónde, si ni los grajos le querían?

¿Cuánto ha que repetimos este cuento,
Sin que haya en los plagiarios escarmiento?




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