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sábado, 29 de diciembre de 2018

El sabio y el libro



Un Sabio cierto día
curioso penetró
no sé en qué biblioteca
de rara estimación;
y hojeando un bello tomo
decía a media voz:
«¡Magnífico! ¡soberbio!
¡No vi cosa mejor!»
Entusiasmóse el Libro
y al punto replicó:
«Tú al menos eres justo
cual nadie ¡vive Dios!
Otros me llaman tonto,
y aun han dicho que soy
del má s menguado ingenio
monstruosa concepción.»
—«Lo creo, dijo el Sabio;
mas lo que admiro yo
no pienses que es íu fondo,
es la encuadernación.»
S i deslumbrar pretendes
con trajes de valor,
ponderarán tus galas,
pero tu juicio no.



miércoles, 26 de diciembre de 2018

El mirlo y el gusano



Dijo a su mirla querida
el Mirlo de sus amores:
«Si no hubiera cazadores
¡cuan dichosa nuestra vida!
Un Gusano que esto oyó ,
dijo con voz lastimera:
«Si gusanos no comiera
el mirlo, ¡cuan feliz yo!»
Claro, lector, hallarás
de este apólogo el sentido:
Ato se queje si es comido
quien se come a ¡os demás.



sábado, 22 de diciembre de 2018

Los dos burros y el potro



Dijo un Burro matalón
a otro Burro su pariente:
—Tu rebuzno es má s potente
que el rugido del león.
Con grave acento profundo
respondióle el otro ufano:
—Cuando rebuznas, hermano,
se estremece medio mundo.—
Oyendo lo cual un Potro
exclamó: —¡Bien me lo explico!
¡Qué gran cosa es un borrico
cuando es medido por otro! —
La consecuencia es palmaria
y el efecto bien probado:
los burros han inventado
la fama comanditaria.



miércoles, 19 de diciembre de 2018

La zorra y el mono



Dijo a la Zorra el Mono
con jactancioso tono:
—«¿Quién mi talento excede?
Nómbrame un animal
al cual yo no remede
con perfección cabal.»
— «Y tú, soberbia alhaja,
responde la marraja,
nómbrame alguna bestia
que quiera balad
tomarse la molestia
de remedarte a ti.»



domingo, 16 de diciembre de 2018

Las dos rejas de arado



Tras de largo reposo
La reja de un arado
Habíase tomado,
Y caduca, inservible parecía.
Vio pasar otra reja,
Su hermana y su pareja,
Que reluciente y en flamante estado
De su labor volvía,
Y díjole: —«¿Por qué si el mismo día
Del mismo material y el mismo hierro
Salimos todas dos, tú estás lozana
Como un peso acuñado esta mañana;
Mientras que yo, cual sucio pordiosero,
Deslustrada vegeto y degenero?
¿Dónde te embelleciste, y cómo y cuándo?»
—Hermana, trabajando.



miércoles, 12 de diciembre de 2018

El halcón y la gallina


Era una vez un campesino que fue al bosque cercano a atrapar algún pájaro con el fin de tenerlo cautivo en su casa. Consiguió atrapar un aguilucho. Lo colocó en el gallinero junto a las gallinas.

Creció como una gallina.

Después de cinco años, ese hombre recibió en su casa la visita de un naturalista. Al pasar por el jardín, dice el naturalista: “Ese pájaro que está ahí, no es una gallina. Es un águila.”

“De hecho”, dijo el hombre. “Es un águila. Pero yo la crié como gallina. Ya no es un águila. Es una gallina como las otras.

“No, respondió el naturalista”. Ella es y será siempre un águila. Pues tiene el corazón de un águila. Este corazón la hará un día volar a las alturas”.

“No, insistió el campesino. Ya se volvió gallina y jamás volará como águila”.

Entonces, decidieron, hacer una prueba. El naturalista tomó al águila, la elevó muy alto y, desafiándola, dijo: “Ya que de hecho eres un águila, ya que tú perteneces al cielo y no a la tierra, entonces, abre tusa alas y vuela!”

El águila se quedó, fija sobre el brazo extendido del naturalista. Miraba distraídamente a su alrededor. Vio a las gallinas allá abajo, comiendo granos. Y saltó junto a ellas.

El campesino comentó. “Yo lo dije, ella se transformo en una simple gallina”.

“No”, insistió de nuevo el naturalista, “Es un águila”. Y un águila, siempre será un águila. Vamos a experimentar nuevamente mañana.

Al día siguiente, al naturalista subió con el águila al techo de la casa. Le susurró: “Águila, ya que tú eres un águila, abre tus alas y vuela!”.

Pero cuando el águila vio allá abajo a las gallinas picoteando el suelo, saltó y fue a parar junto a ellas.

El campesino sonrió y volvió a la carga: “Ya le había dicho, se volvió gallina”.

“No”, respondió firmemente el naturalista. “Es águila y poseerá siempre un corazón de águila. Vamos a experimentar por última vez. Mañana la haré volar”.

Al día siguiente, el naturalista y el campesino se levantaron muy temprano. Tomaron el águila, la llevaron hasta lo alto de una montaña. El sol estaba saliendo y doraba los picos de las montañas.

El naturalista levantó el águila hacia lo alto y le ordenó: “Águila, ya que tú eres un águila, ya que tu perteneces al cielo y no a la tierra, abre tus alas y vuela”.

El águila miró alrededor. Temblaba, como si experimentara su nueva vida, pero no voló. Entonces, el naturalista la agarró firmemente en dirección al sol, de suerte que sus ojos se pudiesen llenar de claridad y conseguir las dimensiones del vasto horizonte.

Fue cuando ella abrió sus potentes alas. Se erguió soberana sobre sí misma. Y comenzó a volar a volar hacia lo alto y a volar cada vez más a las alturas. Voló. Y nunca más volvió.



viernes, 7 de diciembre de 2018

El zorro y el leopardo



Soberbio de sus pintas un Leopardo murmuraba gallardo:
¿Qué animal vale lo que valgo yo? —¡Viva tanta modestia! — el satírico Zorro contestó.— Ella sólo confirma lo que ya el mundo afirma:
que Su Excelencia es una linda bestia.

Pero, con su perdón, no envidio mucho los aplausos que escucho, ni esa opulencia, orgullo y hermosura fundadas del pellejo en la pintura; y yo, entre mí, quedara muy contento con el don del talento, brillo que siempre luce y nada empana, belleza de sustancia y de ornamento que gana con el trato cada día, y la única que el tiempo no avería cuando todas las otras borra o daña.
Y el sabio fué de la opinión del Zorro:
ni hombres ni libros valen por el forro.



domingo, 2 de diciembre de 2018

El ciervo y la zorra



A un Cuervo hediondo y necio que el cadáver de un burro se engullía, trató la Zorra con burlón desprecio; mas el Cuervo después subióse un día a una alta parra de racimos llena.

Llegra la Zorra, pero ve con pena que no puede alcanzar al dulce fruto; entonces fué que el animal astuto al despreciado Cuervo así decía:
¿La misma Zorra al Cuervo vil dijo esto? ¡Cuánto vale ocupar un alto puesto!