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martes, 12 de marzo de 2019

El ruiseñor y la Calandria



Poeta campanudo, que te pierdes
allá por las fantásticas alturas,
sin efue en tu vuelo rápido te acuerdes
de que al pobre lector dejas a obscuras,
a ti con las palabras me dirijo
que el ruiseñor a la calandria dijo:
—¿Par a qué tan arriba te levantas?
¿Quiere s que no se entienda lo que cantas?



sábado, 9 de marzo de 2019

Júpiter y la oveja



Tanlos y íales
hicieron pasar las fieras
al más inocente bruto,
a la pacífica Oveja,
que a Júpiter hubo al cabo
de pedir que discurriera
cómo buscaba camino
para aliviar sus miserias.
Júpiter le dijo:—Veo,
y harto de verlo me pesa,
mansa criatura mía,
que te he dejado indefensa.
Para suplir esta falta,
elige el medio que quieras:
las armas que más te agrade
te dará mi omnipotencia.
¿Quiere s que dientes agudos
en tus mandíbula s crezcan,
O "yue tus pies se revistan
de fuertes garras que hieran?
-~No quisiera yo, señor
(respondió la pretendienía),
cosa que me asemejara
a la raza carnicera.
—¿Será mejor que introduzca
mortal veneno en tu lengua?
—No, que me aborrecerán
lo mismo que a las culebras.
—¿Quieres que te arme de cuernos
y a lu frente dé más fuerza?
—No, que entonces, como el chivo,
no me hartar é de pendencias,
—Pues, hija, yo sólo puedo
salvarte de una manera:
para que no te hagan daño,
preciso es que hacerlo puedas.
—¿Preciso? (la oveja exclama,
dando un suspiro de pena):
prefiero entonces a todo
mi flaca naturaleza.
La facultad de dañar
gana de daña r despierta,
y por no hacer sinrazones,
vale más el padecerlas.
Júpiter enternecido
bendijo a la mansa bestia,
y ella no volvió jamás
a pronunciar una queja.



lunes, 4 de marzo de 2019

El cangrejo



Resto de una comida,
que orilla de un arroyo fué servida,
quedó sobre las hierbas arrojado
el conchudo cadáver de un cangrejo,
lo mismo que la grana colorado;
miraban y admiraban reflexivos
otros cangrejos vivos
aquel tinte magnífico bermejo,
y cada cual de su interior exhala
esta loca expresión:—¡Hermosa gala!
¡Quién el secreto raro poseyera
de poderse pintar de igual manera!
Oyendo la ocurrencia peregrina,
dijoles un ratón, docto en cocina:
—Para adquirir matices tan brillantes,
no hay otro medio que coceros antes.
Caro fuera el antojo:
cuesta sobrado el uniforme rojo.
Quien envidie la fama esclarecida
que a los varones célebres rodea,
tome su historia y vea
¡cuánto dolor acibaró su vida!



jueves, 28 de febrero de 2019

La necesidad



Anión, el molinero, cargó un dfa
con un costal de harina su borrico
y dijo a un hijo suyo:—Mira, chico,
coge este burro y ve en un periquete
a llevar a la tía Calandanga
este costal de harina. Corre, vele.—
Enjugó con la manga
una lágrima el chico y dijo:—Padre,
yo no voy, pues discurro
que me voy a ver negro
si en el camino se me cae e! burro
o hace en el polvo cama.
—Eso, replica Anión, no le dé pena;
si le sucede, llama
a la Necesidad, que irá al momento,
y en un Jesús le cargará el jumento. —
Atizó cuatro lapos en las ancas
el chico al burro, y emprendieron ambos
su camino por zancas y barrancas;
pero al llegar a un sitio donde había
mucho polvo, el borrico
dijo, rabiando por soltar la carga:
— ¡Ay qué polvo tan rico
para dormir la siesta —
Y así diciendo, se tumbó a la larga.
Palo va, palo viene,
íantos el chico al jumenfillo pega
que aun en las ancas las señales liene;
pero viendo que brega
inútilmente, le soltó la carga,
y sólo así se levantó el jumento.
— ¡Necesidad! exclama el pobre chico.
¡Necesidad! hágame usted la gracia
de venir a cargarme este borrico.—
Espera un rato, pero nadie acude;
vuelve a llamar y nadie le responde,
y convencido, al fin, de que no hay nadie
que en tan penosa situación le ayude,
—la industria, dice, ayudar á mi brazo —
y ¿qué hace? El asno arrima,
en seguida a un ribazo,
y llevando el costal hasta allí a vueltas,
al fin al asno se le planta encima,
y a casa de la tía Calandanga
m á s alegre llegó que una charanga.
Cuando volvió al molino,
le preguntó su padre si le había
ocurrido algún lance en el camino,
y el muchacho al momento
le contó la ocurrencia del jumento.
—Llamé, dice, cien veces
a la Necesidad, pero no vino!—
Y Antón replica:—Te equivocas mucho,
pues ella fué quien fe cargó el pollino.



domingo, 24 de febrero de 2019

Curas oportunas



Juan se metió a curandero
aunque era en el arte un topo,
y se ganaba el galopo
con sus curas buen dinero.
Un día llegó a sus puertas
un niño pidiendo cura,
pues íenía la criatura
entrambas piernas muy tuertas.
El curandero le puso
en ellas cierto aparato,
y las tuvo a poco rato
tan derechas como un huso.
—Veamos, dijo un patán
de piernas muy contrahechas,
si a mí me pone derechas
las patas el señor Juan.—
Y es claro, como era rico,
le ofreció lo que quisiera
con ial que se las pusiera
tan derechas como al chico.
Abrió el curandero un ojo
tamaño cuando esto vió,
mas... por má s que caviló,
el cojo se quedó cojo.
Demuestran tales sucesos
que quien corregirse quiera
no lo alcanzará si espera
a que estén duros sus huesos.



miércoles, 20 de febrero de 2019

El taponazo



Meneaba cierto día
una botella un muchacho,
y la botella decía:
— ¡Estáte quieto, borracho,
mira que cuando me enojo
de todo soy muy capaz!
íMira que te salto un ojo
si no me dejas en paz!
Poco esta amenaza vale
a la paciente botella,
que el chico, dale que dale,
sigue jugando con ella.
—Te vas a llevar un chasco
que tu impertinencia ataje,
exclama de nuevo el frasco
bufando ya de coraje.
Y viendo que aquel atún
se burla de su despecho,
fermenta, y el corcho ¡pum!
le salta el ojo derecho.
Nadie al pacífico tiente,
que al fin estalla su enojo,
y se queda el insolente
cuando menos sin un ojo.