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sábado, 16 de febrero de 2019

El pintamonas



De las selvas de Guinea
pasó a las hispanas zonas
un simio de cara fea
y se metió a pintamonas.

Al ver los chafarrinones
de su groseros pinceles,
Murillo le dió lecciones
del divino arte de Apeles,
diciendo: «Quizá este mono
con lo que en el lienzo trace
dará a su linaje tono, 
que buena falta le hace.»
Se engañó el pintor eximio
en su generosa idea,
que lo que trazó el ruin simio
procedente de Guinea,
así que en trazar figuras
estuvo un poquito diestro,
fué infames caricaturas
de su glorioso maestro.
Y esto prueba, aquí y en Flandes,
que es el sueño de los sueños
esperar acciones grandes
de entendimientos pequeños.



martes, 12 de febrero de 2019

Dime con quien andas



Un niño cogió un gorrión
que halló en el suelo tendido
y en su casa le hizo un nido
con esparto y algodón.
Creció el pájaro, y a fe
que era lindo en demasía,
pero el pobre no sabía
ni aun cantar el mi do re.
Y el niño que lo observó,
dijo para su capote:
-—Este pájaro es un zote,
mas he de avisparle yo,
¿No sabe cantar primores
y sabe comer el maula?
Pues le encerraré en la jaula
de los bellos ruiseñores.—
Y dicho y hecho, al momento
le puso en tal compañía,
y el gorrión ai otro día
cantaba que era un portento.
El niño que lo escuchaba,
satisfecho de esta prueba,
bajó el gorrión a la cueva
donde dos cuervos guardaba.
y esta verdadera historia
dice a seguido renglón
que al otro día el gorrión
graznaba que era una gloria.
De ser malo no se asombre
quien con malos pasa el día.
Buena o mala compañía
hace bueno o malo al hombre.



sábado, 9 de febrero de 2019

El orgullo



Entre las varias flores
de un lozano jardín, hubo una rosa
tan fresca, tan hermosa,
de tan vivos colores,
que según dicen, era
envidia de la misma primavera.
Sucedió una mañan a
que al asomar el sol por el oriente
subió una parda oruga
por el fallo naciente
de la rosa, que al ver tal desacato
la dijo enfurecida:
—Oruga vil ¿te atreves
a hollar con torpe planta mi corola?
iTu, villana, ni aun debes
aspirar a la cárdena amapola —
Al oír este ultraje,
palideció la oruga, y su coraje
fué a ocultar, exclamando
con voz triste y llorosa:
— ¡Oh Dios! ¿cuando seré yo mariposa?
Transcurrido algún tiempo, como todo
tiene en el mundo fin, también le tuvo
la funesta prisión en que yacía
la miserable oruga, y con las alas
renació su alegría,
porque admiraba de la selva umbrosa
las sorprendentes galas,
del río las espumas
y de las aves las rizadas plumas.
Volvió al jardín, y vió que los claveles,
las blancas azucenas
y los morados lirios, levantaban
sus hermosas corolas
y una mirada tierna demandaban.
Del nocturno rocío
la mostraba la rosa blancas perlas,
murmurando: —;Bien mío,
ven a mi seno nítido a beberías!—
— Sultana de las flores,
(contestó la pintada mariposa)
¿porque miras mis alas metalizadas
de brillantes colores
fijas en mí tus pérfidas miradas?
Oruga, despreciaste
mis caricias, fiada en tu hermosura;
mariposa, me amaste...
yo desprecio ese amor y esa ternura.
¡AI fin cosa de flores
el juzgar por los signos exteriores!—
Dijo, y voló ligera
por la gentil pradera
sin esperar contestación alguna,
en tanto que la rosa
enlrcgaba una a una
sus hojas a las auras fugitivas;
y cuando ya tocaba en el ocaso
el sol amarillento,
lanzó la flor su postrimer aliento.
El que midiere al hombre
por el traje que viste, no se asombre
de ser, mal de su grado,
por el má s despreciable despreciado.



martes, 5 de febrero de 2019

El lagarto y el zorro



A un Lagarto metido en su agujero,
extraordinario ruido
excita la atención; sale ligero,
y lo que ve le deja sorprendido.
lin fúnebre carroza, que seguían
antorchas y cantantes,
un féretro enlutado conducían
al panteón seis fuertes elefantes.
A un Zorro, que pasaba allí cercano,
volviendo la cabeza
y la risa cubriendo con la mano,
así le manifiesta su extrañeza:
— Son de un escarabajo funerales
esa pompa tan rara,
digna de risa; pero, en casos tales,
la oculto porque suele salir cara.
¡Tal aparato a objeto tan mezquino!
Por no morir de risa,
al presenciar tan fiero desatino
me zampo en mi agujero a toda prisa.—
Esta lección aprendan los pedantes
que toman el trabajo
de pronunciar discursos elegantes
sobre alguna cuestión escarabajo.



domingo, 3 de febrero de 2019

La abeja y el zángano



—¿Qué causa, infeliz, he dado
para que me desleiréis?—
triste un Zángano decía
a una Abeja, que al dintel
se hallaba de una colmena.—
¿Quiere s indicarme a quién
he causado el menor daño ?
—A nadie, seguro es—;
respondió al punto la Abeja; -
pero ¿cuándo hiciste bien?
¿Bast a ser inofensivo
para que comas la miel
que cogemos de las flores?
¿Te gusta holgar? Marcha, pues,
adonde, por no hacer nada,
casa y comida te den,
que aquí tan solo el trabajo
con fruto consigue prez.—
Sabia y concisa la Abeja
hizo al Zángano entender
que no basta no hacer mal,
es necesario hacer bien.


jueves, 31 de enero de 2019

El pavo real y el gallo



Al desplegar, de plumas de colores,
su cola un Pavo real, que ni de flores,
decía a las gallinas
que en el corral tenia por vecinas:
«¿Hay quien al ver mi garbo no suspire?
¿Uno que no me envidie y no me admire? —
«Tu gracia, dijo el gallo, amigo, es mucha;
pero en abriendo el pico, ¿quién te escucha?>
Si esta fábula estudia alguna bella,
lal vez se encontrará copiada en ella.



lunes, 28 de enero de 2019

El cangrejo y sus hijos



En la margen tranquila de un arroyo,
y metido en un hoyo,
hablaba así a un cangrej'o,
joven al parecer, otro ya viejo:
«¿No adviertes, c. iatura,
que haces andando atrá s triste figura?
Camina rectamente:
que en contra, malo es ir, de la corriente.
Si hacia adelante ves que marchan todos,
¿por qué andar cual los míseros beodos?..
De frente, pues, camina;
que el que anda de otro modo desatina.—

«¿De frente? - le responde
el cangrejilío tímido; y - ¿en dónde
he visto, padre mío, a los cangrejos
abandonar sus hábitos mas viejos?
¿Ha s andado jamá s de otra manera,
sin llevar como popa la trasera?
¿So y yo merecedor de tal peluca,
cuando siempre te vi marchar de nuca?..
¿Hallé entre mi familia ni un pariente
que anduviera de frente?.,
Yo tu digno trasunto me contemplo:
si otra cosa apeteces, dame ejemplo.»
Al escuchar tan lógica s razones,
el Cangrejo le dió dos coscorrones;
pero exclamó, mordiéndose los labios:
«Vence el ejemplo a los consejos sabios.
¿De qué sirve la má s pura doctrina,
si, el que intenta enseñarla, mal camina?»