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lunes, 5 de diciembre de 2016

La Mariposa y la luz - Leonardo Da Vinci



Una gran mariposa multicolor y vagabunda volaba una noche en la oscuridad cuando vio a lo lejos una lucecita. inmediatamente torció en aquella dirección y, cuando estaba cerca de la llama, se puso a girar ágilmente en torno de ella, mirándola maravillada !Qué hermosa era¡

No contenta can admirarla, la mariposa comenzó a pensar que con ella podía hacer lo mismo que con las flores olorosas. Se alejo, paso la vuelta y, dirigiendo valerosamente su vuelo hacia la llama, paso volando por encima de ella.

Se encontró aturdida al pie de la luz, y se dio cuenta asombrada, de que le faltaba una pata y las puntas de las alas se le habían chamuscado.

-¿Que ha sucedido?-se pregunto, sin encontrar explicación. De ningún modo podía admitir que de una casa tan bella como una llama pudiese venir ningún daño; así que, después de haber recuperado algo las fuerzas, de un aletazo emprendió el vuelo.

Revoloteó unos instantes y de nuevo se dirigió hacia la llama para posársele encima. Pero enseguida cayó, abrasada, en el aceite que alimentaba la vida de la llama.
- Maldita luz - murmuró al borde de la muerte -.

Creí encontrar en ti mi felicidad, y en lugar de ella he hallado la muerte. Lloro por mi loco deseo, porque he conocido demasiado tarde, y para daño mío, tu naturaleza peligrosa.

- ¡Pobre mariposa! - respondió la luz -. Yo no soy el sol, como ingenua creíste. Yo sólo soy una llama; y el que no sabe usarme con prudencia se quema.



sábado, 3 de diciembre de 2016

La clemátide - Leonardo Da Vinci



A la sombra del seto, la clemátide retorcía sus verdes brazos alrededor de los troncos y las ramas del espino.
Al llegar a lo alto miró a su alrededor y vio otro seto que flanqueaba otra parte del camino.
Cuánto me gustaría llegar hasta allá - dijo- la clemátide -. Aquel seto es más bello y más grande que este.
Y poco a poco, extendiendo los brazos, se fue, día tras día, acercando cada vez más al seto de enfrente. Concluyó por alcanzarlo, se enlazo a una rama y comenzó feliz a crecer rodeándolo.
Pero poco a poco, por aquel camino comenzaron a pasar los caminantes, quienes se encontraron de pronto frente a aquellas ramas de clemátide que les cerraban el camino. Entonces la despedazaron, la arrancaron del cercado y la tiraron al foso.



jueves, 1 de diciembre de 2016

La red - Leonardo Da Vinci


También aquel día la red salió llena de peces. Carpas, barbos, lampreas, tencas, albures, anguilas y tantos otros terminaron en el cesto del pescador.
Debajo, dentro del agua del río, los supervivientes, asombrados y aterrados, no se atrevían a moverse. Familias enteras ya estaban depositadas en el mercado, bancos enteros habían caído en las redes y terminado en la sartén. ¿Qué harían?
Algunas jóvenes brecas de río se reunieron detrás de unas piedras y decidieron rebelarse.
- Es cuestión de vida o muerte - dijeron -. Esta red que cada día desciende al agua y siempre en lugar distinto, para aprisionarnos y arrancarnos de nuestro elemento, despoblará el río exterminándonos a todos. Y nuestros hijos tiene derecho a vivir y nosotros debemos hacer lo que sea para salvarlos de esta tragedia.
-¿Y qué cosa se puede hacer? - pregunto una tenca que había seguido a los conjurados.
-Destruir la red - contestaron juntas las jóvenes brecas.
La valiente decisión, confiada a las inquietas anguilas, corrió rápidamente a lo largo del río, invitando a todos los peces a reunirse la mañana siguiente en un remanso protegido por grandes sauces.
Al día siguiente, millares de peces, de todos los tamaños y todas las edades, se dieron cita para declarar la guerra a la red. La dirección de la operación fue confiada a una vieja y astuta carpa, que ya había conseguido librarse dos veces de la prisión despedazando con los dientes las mallas de la red.
-Estad bien atentos- dijo la carpa -, la red es tan larga como el ancho del río y cada malla, en el lado de abajo, tiene un plomo que la retiene en el fondo. Divididos en dos grupos: un grupo levantará los plomos, trayéndolos a la superficie; el otro grupo sujetará firmemente la red por la parte superior. Las lampreas cortarán con los dientes las cuerdas que mantienen tensa la red entre las orillas. Que las anguilas vayan inmediatamente de reconocimiento para indagar el sitio donde han lanzado la red.
Partieron las anguilas. Los peces, reunidos en grupos, se colocaron se colocaron a lo largo de la orilla. Las brecas empujaban a los más tímidos, recordándoles el triste fin de muchos compañeros, y les exhortaban a no tener miedo si quedaban prendidos en la red porque ningún hombre podría ya sacarla de la orilla.
Las anguilas exploradoras volvieron. La red estaba hundida y se encontraba a una milla de distancia.
Entonces, todos los peces, como una inmensa flota, se pusieron a navegar detrás de la vieja carpa.
-Atención- dijo la carpa-, la corriente podría arrastrarnos a la red: aguantad, maniobrando bien.
Y la red, gris, siniestra, apareció...
Los peces, presos de imprevisto furor, comenzaron el ataque.
La red fue alzada del fondo, las cuerdas que la sujetaban fueron rotas, las mallas destrozadas; pero los peces, furiosos, no soltaron la presa. Cada uno con su pedazo de red en la boca, agitando las aletas y la cola, tiraron en todos los sentidos, para destrozar y romper la red, encontrando así, en el agua que parecía hervir, la libertad perdida.



domingo, 27 de noviembre de 2016

La zarza - Leonardo Da Vinci



La pobre zarza no podía más. Ahora que sus ramas estaban nuevamente cargadas de negras bayas, los mirlos impetuosos e impertinentes hurgaban con el pico y con las patas todas sus ramitas.
- ¡Por favor - suplicó la zarza dirigiéndose a la mirla más fastidiosa -, déjame al menos las hojas! Mis zarzamoras, lo sé, te gustan mucho, son tus frutos preferidos; pero no me prives de la sombra de las hojas, que me defienden de los rayos abrasadores del sol, y no me descorteces con tus uñas, no me despojes de

mi tierna corteza. La mirla, ofendida por estas palabras, respondió:
- ¡Calla, salvaje zarza! ¿No sabes que la naturaleza te ha hecho criar estos frutos solamente para mi alimento? ¿No ves que has nacido solamente para darme de comer?
¿No sabes, villana de las malezas, que el próximo invierno servirás sólo para alimentar el fuego? La zarza, al oír estas palabras, comenzó a llorar en silencio.
Poco tiempo después, la mirla insolente cayó en la red tendida por el hombre. Para encerrar al pájaro en una jaula, el hombre cortó muchas ramitas del seto y tocó hasta a la misma zarza dar las suyas.
- ¡Oh, mirla - dijo entonces la zarza -, yo estoy todavía aquí, y mis ramitas te quitan la libertad con la que tu me atormentabas! Yo aún no estoy consumida por el fuego, como tú me decías, y antes de que tú me veas quemada, yo te veré al fin en prisión.



viernes, 25 de noviembre de 2016

El Torrente - Leonardo Da Vinci


Un torrente, olvidando deber su agua a la lluvia y a los arroyos,
pensó hincharse para volverse grande como un río.
Comenzó entonces a lanzar sus ondas impetuosas contra la orilla,
arrancando con avidez tierra y piedras para ensanchar su lecho.

Pero cuando de pronto volvió el sol,
el pobre torrente se encontró prisionero de todas las piedras que había quitado a la orilla,
y con mucha fatiga debió hacerse un nuevo camino para descender al valle.



miércoles, 23 de noviembre de 2016

Oración del niño al acostarse - Rafael Pombo



Dame, ¡oh Dios ! tu bendición
Antes de entregarme al sueño,
Y de todos los que yo amo
Cuida tú mientras yo duermo.

Por mi madre, por mi padre,
Por mis hermanos te ruego,
Que los guardes largos años
En salud, fuerza y contento.

Dales consuelo a los tristes,
Y remedio a los enfermos,
Y pan al menesteroso,
Y al huérfano amparo y techo.

Que te bendigamos todos
Por tanto que te debemos,
Y que al dormir el sueño último
Despertemos en tu seno.



lunes, 21 de noviembre de 2016

Mirringa Mirronga - Rafael Pombo



Mirringa Mirronga, la gata candonga
va a dar un convite jugando escondite,
y quiere que todos los gatos y gatas
no almuercen ratones ni cenen con ratas.
"A ver mis anteojos, y pluma y tintero,
y vamos poniendo las cartas primero.
Que vengan las Fuñas y las Fanfarriñas,
y Ñoño y Marroño y Tompo y sus niñas.
"Ahora veamos qué tal la alacena.
Hay pollo y pescado, ¡la cosa está buena!
Y hay tortas y pollos y carnes sin grasa.
¡Qué amable señora la dueña de casa!
"Venid mis michitos Mirrín y Mirrón.
Id volando al cuarto de mamá Fogón
por ocho escudillas y cuatro bandejas
que no estén rajadas, ni rotas ni viejas.
"Venid mis michitos Mirrón y Mirrín,
traed la canasta y el dindirindín,
¡y zape, al mercado! que faltan lechugas
y nabos y coles y arroz y tortuga.
"Decid a mi amita que tengo visita,
que no venga a verme, no sea que se enferme
que mañana mismo devuelvo sus platos,
que agradezco mucho y están muy baratos.
"¡Cuidado, patitas, si el suelo me embarran
¡Que quiten el polvo, que frieguen, que barran
¡Las flores, la mesa, la sopa!... ¡Tilín!
Ya llega la gente. ¡Jesús, qué trajín!".
Llegaron en coche ya entrada la noche
señores y damas, con muchas zalemas,
en grande uniforme, de cola y de guante,
con cuellos muy tiesos y frac elegante.
Al cerrar la puerta Mirriña la tuerta
en una cabriola se mordió la cola,
mas olió el tocino y dijo "¡Miaao!
¡Este es un banquete de pipiripao!"
Con muy buenos modos sentáronse todos,
tomaron la sopa y alzaron la copa;
el pescado frito estaba exquisito
y el pavo sin hueso era un embeleso.
De todo les brinda Mirringa Mirronga:
– "¿Le sirvo pechuga?" – "Como usted disponga,
y yo a usted pescado, que está delicado".
– "Pues tanto le peta, no gaste etiqueta:
"Repita sin miedo". Y él dice: – "Concedo".
Mas ¡ay! que una espina se le atasca indina,
y Ñoña la hermosa que es habilidosa
metiéndole el fuelle le dice: "¡Resuelle!"
Mirriña a Cuca le golpeó en la nuca
y pasó al instante la espina del diantre,
sirvieron los postres y luego el café,
y empezó la danza bailando un minué.
Hubo vals, lanceros y polka y mazurca,
y Tompo que estaba con máxima turca,
enreda en las uñas el traje de Ñoña
y ambos van al suelo y ella se desmoña.
Maullaron de risa todos los danzantes
y siguió el jaleo más alegre que antes,
y gritó Mirringa: "¡Ya cerré la puerta!
¡Mientras no amanezca, ninguno deserta!"
Pero ¡qué desgracia! entró doña Engracia
y armó un gatuperio un poquito serio
dándoles chorizo de tío Pegadizo
para que hagan cenas con tortas ajenas.