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viernes, 7 de diciembre de 2018

El zorro y el leopardo



Soberbio de sus pintas un Leopardo murmuraba gallardo:
¿Qué animal vale lo que valgo yo? —¡Viva tanta modestia! — el satírico Zorro contestó.— Ella sólo confirma lo que ya el mundo afirma:
que Su Excelencia es una linda bestia.

Pero, con su perdón, no envidio mucho los aplausos que escucho, ni esa opulencia, orgullo y hermosura fundadas del pellejo en la pintura; y yo, entre mí, quedara muy contento con el don del talento, brillo que siempre luce y nada empana, belleza de sustancia y de ornamento que gana con el trato cada día, y la única que el tiempo no avería cuando todas las otras borra o daña.
Y el sabio fué de la opinión del Zorro:
ni hombres ni libros valen por el forro.



domingo, 2 de diciembre de 2018

El ciervo y la zorra



A un Cuervo hediondo y necio que el cadáver de un burro se engullía, trató la Zorra con burlón desprecio; mas el Cuervo después subióse un día a una alta parra de racimos llena.

Llegra la Zorra, pero ve con pena que no puede alcanzar al dulce fruto; entonces fué que el animal astuto al despreciado Cuervo así decía:
¿La misma Zorra al Cuervo vil dijo esto? ¡Cuánto vale ocupar un alto puesto!





miércoles, 28 de noviembre de 2018

El ciervo y la liebre



En un bosque dilatado
grande silencio reinaba,
y un Ciervo que allí emigrado
llegó, dijo consolado:
¡Hallé la paz que buscaba! 

Este silencio no es paz
contestó la liebre triste;
aquí hay un tigre voraz
que arredra hasta al mas audaz
y no hay de miedo quien chiste.

Así pueblos conocemos
donde un tirano opresor
silencio impone, y creemos
que es paz lo que en ellos vemos,
cuando es tan sólo terror.


jueves, 22 de noviembre de 2018

Los pedazos de mármol



Al pie de una cantera de mármol de Carrara, varios gigantes bloques restos de una gran ruina semejaban; mientras otro, movido por cuerdas y palancas, a un carro conducían muchos obreros en alegre zambra. Diez poderosos bueyes, uncidos por el asta, iban la inmensa mole a llevar a través de la montaña ; y cuando al recibirla rechinaron las tablas, oyóse en el espacio sordo rumor de voces y amenazas.

—¿Por qué nos abandonas? las piedras murmuraban; ¿qué buscas en tu orgullo fuera de estas regiones solitarias? — El hombre me ha elegido, respondió la arrastrada, para que al mundo admire, centinela perpetuo de su fama.

Si hasta hoy he sido roca, mañana seré estatua; no tengo yo la culpa de ser la más hermosa y la má s blanca. —Piedad antes que enojo en nosotras hallaras si cautiva a la fuerza de tu profanación no hicieses gala. Pero en vano te engríes, la vanidad le engaña , que aun cambiando de forma piedra será s cual somos tus hermanas; y antes de que te eleves del vulgo a las miradas, ¡no sabes tú los golpes de cincel y martillo que le aguardan! Los hombres en la tierra son mármoles con alma, y si éstos al labrarse dejan polvo, aquéllos dejan lágrimas.



martes, 20 de noviembre de 2018

El escape del burro



Cuesta arriba en su pollino,
sintió el vanidoso Blas
que galopaba detrás
el caballo de un vecino.
Por no cederle el camino
a la albarda se aferró,
y tanto y tanto picó,
que escapado y sin aliento,
logró subir el jumento
a donde el caballo no.
Casos como éste, a fe mía,
se ven aquí cada día,
pues, más grandes o más chicos,
si la vanidad los guía,
suben mucho los borricos.



sábado, 17 de noviembre de 2018

El entresuelo y la Buhardilla



Tuvieron, como es uso entre vecinos, ruda y formal contienda un entresuelo rico y elegante y una buhardilla estrecha.
— ¡Miserable! gritaba el entresuelo.
¿Sabe s por qué galleas? Porque mi posición subir me impide a cortarte la lengua.
Quien descubrir intente lo que vales pregunte lo que cuestas; o de tus amadores oiga el coro cuando de ti reniegan.
¡Infeliz! un abismo nos divide no de varas, de teguas; yo soy gentil, espléndido, lujoso; íú sucia, pobre y fea.
Calla, pues, y de aquel que te sostiene burlarle no pretendas, que torres que se fundan en el viento, el viento se las lleva.—
Son ó una carcajada en las alturas alegre y desenvuelta.
y dijo la buhardilla, hacia la calle sacando la cabeza:
—De imbéciles fué siempre darse lono; aprieta, chico, aprieta, que al fin naciste bajo, y de tan bajo los tiros no me llegan.
Tú tendrás cuanto dices, no lo dudo, ruido, anchura, opulencia; yo en cambio tengo luz y la prefiero a todas tus grandezas.
Del alba en los magníficos celajes mi vista se embelesa, y el rayo de la luna me ilumina que el Hacedor te niega.
Y cuando en flores pródiga y perfumes viene la primavera, en rededor de mí batiendo el ala los pájaros gorjean.—
¡Santa resignación! ¡Qué dulce haría s del hombre la existencia, si a menudo no fueran tus andrajos disfraz de tu soberbia!



miércoles, 14 de noviembre de 2018

La serpiente y la abeja



Sobre el cáliz de una flor que en verde tallo se alzaba, y entre todas descollaba por su perfume y color, hallándose frente a frente, al despuntar de la aurora, una abeja zumbadora y una piníada serpiente.

Las dos libando a la vez mudas quedaron un rato, siendo en la Abeja recalo lo que en la Sierpe doblez, hasta que alzando la Abeja la voz que al cielo debió, así a la Serpiente habló en son de agravio y de queja:
—Nunca a mi lado te vi, y por las seña s sospecho que nadie te dio derecho para subir hasta aquí.

Vete, pues, y de estas galas la pureza no desdores; que sólo vive entre flores quien ha nacido con alas,
Silbó la Serpiente altiva enroscándose furiosa, y sobre la fresca rosa escupiendo su saliva, dijo: 
—Castigada estoy, pues conozco por mi mal que ni puedo ser tu igual, ni dejar de ser quien soy.

A levantarme del lodo en mal hora me atreví, cuando envidiosa de ti busqué de imitarte modo.

Mas mi destino cruel, a toda dulzura ajeno, me aparta de este vergel; que en mí se torna veneno lo que tú cambias en miel.—
Dicha que el alma ha sentido, beso que venció al recato, perfume nunca extinguido, ¡miel para el agradecido! ¡veneno para el ingrato!