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domingo, 17 de junio de 2018

El náufrago



Viajaba un hombre en una nave con otros pa­sajeros; a causa de una inesperada y violenta tempestad, empezó a hacer agua el navío. Y mientras los demás pa­sajeros trataban de salvarse nadando, el hombre, invocaba a cada instante a la diosa Atenea, le prometía toda clase de ofrendas si lo salvaba.

Uno de los náufragos que nadaba a su lado le dijo:

Pide a Atenea, pero también a tus brazos.

Nosotros invocamos a los dioses, pero no deja­mos de trabajar para salvamos.

Si gracias a nuestro esfuerzo obtenemos la protección de los dioses, estimémonos dichosos.

Caídos en la desgracia, pensemos en nuestro esfuerzo para salir de ella, implorando solamente entonces el auxi­lio de la divinidad.



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