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miércoles, 14 de noviembre de 2018

La serpiente y la abeja



Sobre el cáliz de una flor que en verde tallo se alzaba, y entre todas descollaba por su perfume y color, hallándose frente a frente, al despuntar de la aurora, una abeja zumbadora y una piníada serpiente.

Las dos libando a la vez mudas quedaron un rato, siendo en la Abeja recalo lo que en la Sierpe doblez, hasta que alzando la Abeja la voz que al cielo debió, así a la Serpiente habló en son de agravio y de queja:
—Nunca a mi lado te vi, y por las seña s sospecho que nadie te dio derecho para subir hasta aquí.

Vete, pues, y de estas galas la pureza no desdores; que sólo vive entre flores quien ha nacido con alas,
Silbó la Serpiente altiva enroscándose furiosa, y sobre la fresca rosa escupiendo su saliva, dijo: 
—Castigada estoy, pues conozco por mi mal que ni puedo ser tu igual, ni dejar de ser quien soy.

A levantarme del lodo en mal hora me atreví, cuando envidiosa de ti busqué de imitarte modo.

Mas mi destino cruel, a toda dulzura ajeno, me aparta de este vergel; que en mí se torna veneno lo que tú cambias en miel.—
Dicha que el alma ha sentido, beso que venció al recato, perfume nunca extinguido, ¡miel para el agradecido! ¡veneno para el ingrato!



sábado, 10 de noviembre de 2018

La lección



Una rana veía
cómo un águila alzaba
el vuelo al firmamento:
-«Dentro de mi yo siento, —
al águila decía,—
»ganas también de alzarme por el viento.
>Una lección quisiera.
»Di ¿qué he de hacer para volar, hermana?» —
Y contestóle el águila altanera:
«Amiga, muy sencillo: no ser rana.»



martes, 6 de noviembre de 2018

Nadie se contenta con su suerte



Decía el elefante al ruiseñor oyendo:
—«Diera mi grande mole de gigante >y los dos tercios de mi larga vida »por el dulce sonar de tu garganta.»
Y el ruiseñor le dijo:
—«Pues el dulce gorjeo que te encanta, »icosa s del mundo, hijol >yo gozoso lo cambio »por vivir solo un tercio »de tu larga existencia.»
¡Oh, de la vida humana envidiosa tendencia!
Fija la vista en los ajenos bienes no aprecias el valor de los que tienes.



domingo, 4 de noviembre de 2018

El inventor



Un fósforo prendió un día
un chicuelo inocentón,
y fué tanta su alegría,
que al pobre le parecía
que era suya la invención.
Mostrólo a todos ufano,
como obra de su testuz,
y acaso el chicuelo vano
llegó a creer de su mano
la creación de la luz.



miércoles, 31 de octubre de 2018

Oro y papel



En el fondo del mar una guinea como un ojo de fuego relucía; ¡el hombre codicioso no lo sabe, los peces ni la miran! ¿De qué sirve la efigie de Victoria en buen oro acuñada , si perdida en la arena reposa oscuramente sin saludar al día? Entre tanto, del banco los billetes de grandes y pequeños la codicia excitan poderosos, y grasicntos van a manos pulidas.

Y iodos reverentes los acatan, los buscan, los atraen y acarician, y ellos vuelan cual aves veleidosas, en incesante gira.

Así conozco yo sin valor propio personajes-billetes en la vida, que figuran merced a que algún bando los usa con su firma.

Y hombres-guineas, probos y entendidos, vegetan ignorados en provincia: los gobernantes ciegos no lo saben, ¡los peces ni los miran!



lunes, 29 de octubre de 2018

El cinturón de oro



De California volvía un joven aventurero, y en un cinturón de cuero águila s de oro traía, y la vida en su dinero. Sobre el mar que late en calma el sol del trópico brilla, y meciéndose en la quilla, plácida adormece el alma la perezosa barquilla.

M il ensueño s de grandeza, ensueño s mil sonrosados, bellos, ardientes, dorados, en la juvenil cabeza nacían atropellados. La calma a soñar convida; mas, en zozobra el sosiego se trueca al grito de ¡fuego! y ante el riesgo de la vida, reina soberano el ego.

Brota la llama perversa amenazante y traidora, y con luz siniestra dora del mar la lámina tersa y la barquilla devora. El mozo, desesperado y partido el corazón, el pesado cinturón se ciñe, descaminado por su engaños a ambición.

Desatraca el bote en tanto porque la llama ya apura, jy se aleja!-%Oh desventura! ¡Y se aleja! —¡Oh cielo santo! ¡Y lo deja! —¡Suerte dura!... Audaz a la mar se lanza con firme resolución; pero fué su perdición el oro de su esperanza que lleva en el cinturón.

Aquel poderoso lazo, fábrica de su egoísmo, para siempre, por sí mismo, como un diabólico abrazo lo sujetó en el abismo.

¡Cuánta s veces las riquezas no trastornan las cabezas con loca fascinación! Recuerda, niño, que empiezas, el cuento del cinturón.



viernes, 26 de octubre de 2018

El loro y el burro



Un pobre Burro, ¡burro desgraciado!, con su carga en el lomo caminaba de tal modo agobiado, que a su excesivo peso se doblaba. Un Loro charlatán en el camino hallóse al pobre Burro; y observando que, cansado y mohíno, iba casi arrastrando,  díjole:—Burro amigo, mucha carga lleváis, se me figura; si no hacéis ahora mismo lo que os digo bien pronto encontraréis muerte segura.

Lo que tanto os fatiga es el exceso de vuestra carga; y si ahora en el instante dejarais la mitad, con menos peso fácilmente salierais adelante. —No puedo—dijo el Burro suspirando hacer lo que decís, y me es forzoso llevar todo este peso, aunque arrastrando y sin darme un momento de reposo, encontrara la muerte en el camino;— y cansado como antes y mohíno, volvió a emprender su marcha interrumpida, lamentando su pobre y triste vida.

Así siguió marchando largo trecho; pero tanto la carga le pesaba, que al subir un repecho sintió que ya su fuerza se agotaba y exámine cayó medio deshecho.

El Loro, que los pasos le seguía, díjole entonces:—Ya lo veis, amigo, al fin os sucedió lo que decía; de vuestra obstinación ved el castigo.— Alzó el Borrico la abatida frente, y mirándole al Loro de soslayo, díjole débilmente: —Si en vez de hablar así, seor papagayo, cuando me visteis por la vez primera me dierais vuestra ayuda, de seguro del modo que me veo no me viera; porque lo que hace falla en un apuro no son palabras má s o menos rudas, que nada son palabras sin ayudas.

Noble género humano: aprende lo que dijo el Burro a l Loro. Cuando en peligro mires a un hermano, guarda de tus palabras el tesoro y, en vez de aconsejar, dale la mano.